Ésta soy yo en 2011. Ocho meses de embarazo. Estaba en el consultorio de mi ginecóloga y con muchísima ilusión le dije que me había estado preparando porque quería tener un parto en agua.
Me miró fijamente, soltó una risa burlesca y con tono tajante sentenció: "¡NO eres un delfín!".
Sentí un hueco en el estómago. Estaba llena de miedos y dudas. Tenía 32 semanas de embarazo, pero en ese mismo instante decidí que no iba a permitir que nadie me quitara la voz en el día más importante de mi vida. Acto seguido: cambié de ginecólogo.
Encontré un nuevo equipo médico que sí comulgaba con mis ideas, que me respetaba y validaba; y entre ellos, estaba mi Doula. Mi compañero y yo nos preparamos con ella en sus cursos de psicoprofilaxis, y fue quien me sostuvo la mano el día que nació mi hijo Ian.
Me enamoré profundamente de su trabajo, de cómo logró hacerme sentir: segura, fuerte, poderosa y confiada.
Ese parto me transformó tanto que, dos años después, dejé atrás 18 años de carrera en el sector financiero para certificarme como Educadora Perinatal y Doula. Hoy, cuando trabajo con mujeres y sus parejas, veo mis propios miedos reflejados en sus ojos. Por eso estoy aquí: para que tú nunca escuches un "no puedes", sino un "estoy contigo, tú puedes hacerlo".